No, este 2026 no estoy empezando desde cero y tampoco estoy cambiando radicalmente de vida, pues no es lo que deseo. Desde afuera, los que me conocen (salvo mi esposo), probablemente me vean bastante igual, bastante bien. Pero por dentro, ay ay ay, por dentro algo se ha movido. No sé si fue causado por la enfermedad de mi esposo a finales de septiembre pasado. No sé si fue porque hace poco pensaba que los 50 no estaban tan lejos. Tampoco sé si fue que me di cuenta de lo rápido que pasa el tiempo y que si ya tengo 44, en un abrir y cerrar de ojos tendré 80. La cosa es que entendí que seguir esperando el momento perfecto para crearme yo misma la vida que quiero para mí es hacer la peor de las procrastinaciones y eso, eso no puede continuar así.
Durante varios años mi energía ha estado concentrada en construir hacia afuera. Construir pareja, hogar, estabilidad y rutina familiar, adaptarme a un nuevo país, aprender códigos sociales y profesionales, criar hijas biculturales, sostener el día a día… Todo esto y lo que se me olvida lo he estado haciendo con amor, compromiso y propósito. Pero en medio de esta construcción constante en la que soy pilar, siempre había algo mío que quedaba para después.
Para después cuando las niñas estén más grandes. Para después cuando estuviera más organizada. Para después cuando tuviera mi negocio. Para después cuando me sintiera más confiada. Ese “para después” se me volvió cómodo. Tan cómodo que casi me convence de que todavía HOY no era el momento.

Pero estas ganas de salir de mi zona de comfort no me han llegado de la nada. Poco a poco he ido notando cambios en mí. A finales del 2025 tuve que ir al dentista para sacarme una muela (de esto te cuento en otro momento) y allí mismo decidí que tenía que comenzar un tratamiento dental que llevaba tiempo posponiendo, por miedo. Es un tratamiento un poco urgente (porque tengo 44) e importante para mí. Sin embargo, llevaba desde los 41 posponiéndolo, como te dije, por miedo. Siempre buscando excusas razonables para creérmelas y no hacerlo. Pero cuando estuve en la silla de mi dentista, de frente a mi realidad del momento, cuando ella me hablaba ooootra vez sobre el tratamiento, me hizo una pregunta de manera tajante y directa: «¿Por qué estás dándole largas a tu bienestar?» Esa pregunta, sin que ella lo sepa, desencadenó muchas preguntas en mí. Creo que la que las resume es: ¿Por qué estoy dejándome en segundo plano con tanta confianza, con tanta ligereza, con tanta normalidad? Una semana después de esa cita, la llamé y di el «GO» para comenzar dicho tratamiento, con todo y miedo, pero esta vez sin excusas.
Es el momento de que yo aprenda que invertir en mí, el cuidar de mí , también es una responsabilidad. Es el momento de «maternarme» a mí misma.
Desde ese momento, desde que comencé a tratar esta nueva etapa de mi vida como el hecho de maternarme, o sea, de darme amor y protección desde un ángulo totalmente distinto al que me había visto antes, me he empujado a crear nuevas habitudes. Una de ellas es la de escuchar mis emociones con claridad. Por ejemplo, no sé por qué, pero el ir al gym me estaba dando estrés desde el trimestre pasado. El no ir, también, y mucho. Así que cancelé mi suscripción y decidí hacer ejercicios en casa sin meterme presión. ¿Qué estoy haciendo desde hace un mes? Enfocándome en caminar al menos 10,000 pasos diarios y realizar dos clases de pilates a la semana, que veo en YouTube. Para mi sorpresa, este cambio me ha venido muy, muy bien. Siento mi cabeza, a veces, vacía (algo que mi cerebro ADHD aprecia) y siento momentos de gran claridad. Muchos pensamientos que llevaban semanas o meses dando vueltas en mi cabeza ya no tienen importancia. Este cambio de movimiento físico no es para buscar una transformación física espectacular este 2026, es para ayudarme a encontrar la que sé que seré. Un paso a la vez.
Entre las nuevas habitudes que me estoy creando, al maternarme, también se encuentran: hacer journaling «vomitivo» (también te contaré sobre esto en otro artículo), organizar mi semana con intención e incluir cosas a hacer por placer Y hacerlas, reducir el ruido digital (me he apartado de Instagram, Facebook y TikTok, y cerré LinkedIn) y pensar con más cuidado dónde pongo mi energía. En el mundo están ocurriendo cosas horribles todos los días, pero me he dado cuenta de que tengo, y debo, cuidar de mi propio mundo desde el amor, la empatía y el respeto conmigo misma. Solo así podré también hacerlo con los que amo y con los demás. No todo tiene que ser horrible si existimos personas que decidimos ser testimonio de esto, si existimos personas cuidando sus mundos y expandiéndolos hacia los demás. Esto no significa que lo horrible deje de existir pero sí puede ayudarnos a vivir mejor.
Este 2026, que me toca entonces con estas ganas de cambio, también me toca con el proceso de nacionalización francesa. Llevo casi 18 años viviendo aquí y formalizar esta parte de mi identidad tiene un peso que no esperaba. Este proceso, que para muchos es solo un trámite administrativo, para mí es reconocer que mi historia tiene, oficialmente y con el corazón, dos raíces: las de mi nacimiento y las que yo misma enterré para hacerlas crecer. Este proceso me confirma que puedo ser de aquí y de allá sin dividirme, que no tengo que elegir una versión de mí para que la otra exista. Es casi una metáfora de lo que siento internamente, cosa que me parece graciosa y maravillosa.
Creo que todo este movimiento interior (y exterior) también viene del hecho de que soy consciente de que ya no quiero tener en mi vocabulario “algún día” porque sé que ese “algún día” dura años y mientras tanto, la vida avanza igual. Cuando cierro los ojos me veo como una autora publicada, una mujer que viaja sola una o dos veces al año, emprendedora apoyando y dejándose apoyar por otras mujeres, dueña de su agencia de experiencias y sintiendo satisfacción profesional y bienestar personal. Me veo tomando decisiones financieras con seguridad de manera independiente y en pareja. Cuando vuelvo a abrir los ojos, tengo la certeza de que he cruzado la línea de la aceptación: HOY acepto ser la del proceso para que mi versión futura pueda gozar de lo que sé que seré y tendré.
Te comparto todo esto porque estoy segura de que no soy la única que está pasando por este cambio o llamado para cambiar. Quiero que sepas que no estás sola y que lo que sientes es válido y normal. Por mi parte te puedo decir que lo que más me ha sorprendido de todo esto es que no ha sido ruidoso. No he sentido la necesidad de realizar cambios dramáticos. Son solo ajustes silenciosos por aquí y por allá que, sumados, sé que van a cambiar la dirección de lo que es mi realidad. El agendar una cita que llevaba meses pendiente, decir que no a ciertas cosas que no me apetecen, salir a caminar aunque llueva, ir a lugares para conocer a otras personas, escribir y dibujar aunque no tenga inspiración, todas esas pequeñas decisiones son grandes pasos.
Otra cosa muy importante que quiero decirte antes de terminar este escrito es que no asocio crecimiento con ruptura. Cuando vemos películas o leemos libros de mujeres que se han empoderado, el 99% de las veces lo han hecho luego de un cambio total en sus vidas y el 98% de ese 99% lo hacen luego de un divorcio. En mi caso estoy segura de que no quiero destruir lo que he construido. Me gusta mi vida. Amo a mi familia. Disfruto mi estabilidad. Lo que quiero es habitarla mejor, expandirla, empujar los límites que me he impuesto. Quiero sentirme más presente, más alineada, más consciente de que todavía estoy en movimiento a la par con el Universo y de que puedo crear para mí y para los demás, en plenitud y congruencia de quien quiero ser.

A mis 44 estoy clarísima de que querer más no significa estar insatisfecha con lo que tengo. Significa reconocer que todavía hay mucho de mí que quiero conocer y dejar ser. Que todavía puedo aprender, ajustar, transformar, explorar. Que no estoy, en lo absoluto, «ya hecha» en esta vida. Y sé que podré lograr todo esto aunque no tenga un plan perfecto. Creo que los planes, al final, no son tan importantes como la dirección. Al fin y al cabo, con dirección siempre podemos improvisar un plan, ¿no?
By the way, si alguna vez me equivoco durante este proceso, pues que me sirva de lección y a seguir. De equivocarme, ahora, no me voy a preocupar.
Si me leíste hasta aquí gracias, y que no te quede duda alguna: no importa la edad que tenemos, SIEMPRE HAY ESPACIO PARA CONVERTIRNOS EN LA MUJER QUE SABEMOS QUE PODEMOS SER, solo hay que atreverse a buscarlo y si sientes una vocecita gritando en tu interior es que, darlin’, muy probablemente, ha llegado la hora de hacerlo.
Te abrazo,
Milaysha
